El muro del arteNuestros artistas

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Samuel Marina Parras, de 2ºESO, es un gran amante de los animales, y el autor de nuestra nueva portada.

Samuel con sus tucanes y los colores pastel, en su mesa de dibujo.

Ya no dibujo tanto como antes… Antes iba a pintura, empecé de muy pequeño. Como mi padre me veía dibujar todo el rato, decidió apuntarme a clases de pintura, en una pequeña academia que estaba en un local, pero luego cerró. Más adelante se me acumuló el dibujo con las clases de guitarra y escalada, y tuve que dejar de ir.

Me gustaba pintar porque me tranquilizaba, y además otra amiga mía iba a pintura y me gustaba coincidir allí con ella. En esa etapa de la academia, aprendí a dibujar al óleo, con pastel y también a acuarela.

No me da pena haber dejado de dibujar porque sé que aprendí nociones básicas y puedo retomarlo cuando quiera. Me gustaría volver a dibujar cuando lo necesite. Aunque… es verdad que creo que ahora ya no se me da tan bien porque he perdido práctica…

El dibujo de los dos tucanes está hecho a pastel (tizas de colores) y es de la época en que yo pintaba más, cuando tenía 10 años y lo hice en las clases de pintura. La profesora Cristina nos pidió que trajéramos a clase de Educación Plástica algunos dibujos que tuviéramos en casa para subir nota. Solo unos cuatro alumnos de la clase los presentamos.

Pinté los tucanes porque el tucán es un animal muy bonito, que me gusta y además es fácil de dibujar. Me fijé en alguna imagen para dibujarlos, porque yo solo he visto tucanes en el zoo, por ahora. A mí me gustan los animales, tengo un perro que se llama Loys.

Lo que más destaca del dibujo de los tucanes son los colores vivos. Para dibujar, prefiero este tipo de colores, y además que sean colores planos.

Creo que ahora el arte puede ser muy raro y valer muy caro. Hay un plátano pegado en la pared que vale más seis millones de euros (Samuel se refiere a la obra Comediante, del artista italiano Maurizio Cattelan, realizada en 2019). Falta talento, algunas obras están sobrevaloradas porque son garabatos, literalmente.

«Cuando era más pequeño pintaba mucho más. Me gustaba dibujar porque me tranquilizaba. Mi padre me veía todo el rato pintando y me apuntó a clases de pintura. Sé que es un recurso que tengo ahí por si alguna vez lo vuelvo a necesitar».

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