Nos presentamos al concurso nacional de cortometrajes escolares Platino EDUCA
El alumnado de francés de 1º de Bachillerato ha realizado el cortometraje Detrás de Cyrano (Derrière Cyrano), en francés y en español. Este trabajo combina la literatura francesa con un tema que desgraciadamente está de actualidad y nos concierne a todos.

¿Cómo surgió el proyecto?
Nuestro proyecto surgió como parte de una situación de aprendizaje ya programada para la clase de francés. En esta situación de aprendizaje, dedicada al cine francófono, teníamos previsto realizar como tarea final un cortometraje que homenajeara a este cine, imitando o realizando una versión libre de una serie de escenas míticas seleccionadas previamente por el alumnado.
En mitad de este planteamiento surgió la idea de apuntarse al curso de Platino Educa en su segunda edición, de manera que pudiéramos realizar nuestro cortometraje con un enfoque más profesional y que la motivación del alumnado aumentara al tener el aliciente de ganar el concurso.
Así es como empezamos a variar nuestro proyecto original para adaptarnos al concurso. Algo de nuestro proyecto original perviviría: la escena de la película Cyrano de Bergerac de Jean-Paul Rappenau de 1991, (y de la obra de teatro de Edmond Rostand, de 1897) interpretada por dos alumnos, en francés, puesto que debíamos mantener parte de los objetivos y criterios de evaluación de la asignatura, pero ahora la escena sería una excusa para que se desencadenase otra situación que irrumpiría en mitad de esta, constituyendo esa segunda situación el verdadero tema de nuestro corto para el concurso. Quisimos dejar ver el propio rodaje de la escena de Cyrano en una clase de francés, como si fuera un trabajo de clase, porque queríamos mantener nuestro espíritu de homenaje al cine y porque de esta manera se justificaba el que el alumnado estuviera hablando en lengua francesa. De esta forma, nos embarcamos en la realización de una película ficticia dentro de una película real, estando duplicadas todas las funciones técnicas del rodaje (por ejemplo, había un ayudante de dirección real, detrás de la cámara, y un ayudante de dirección ficticio, dentro de la película).

Implicación total del alumnado
Desde el primer momento en que la profesora llegó a clase con la idea del concurso, y especialmente desde que comenzamos el rodaje de nuestro corto, el nivel de implicación y de ilusión del alumnado fue muy alto. Cuando comenzamos el rodaje, la expectación era máxima, ya que habían estado trabajando en el guion con mucho esfuerzo, e hicieron suyo el proyecto desde el primer momento. La nota media de la asignatura del trimestre ya la tenían globalmente (excepto en lo relativo a las competencias 4 y 6, como veremos más abajo): todo el rodaje, montaje y edición del corto la hicieron sin obtener nada relacionado con su escolaridad a cambio, movidos por esa gran ilusión y ganas de sacar el proyecto adelante. El último día de clase antes de las vacaciones de Semana Santa, allí estábamos todos hasta última hora porque faltaban detalles por grabar y aún no podían irse a casa.

Nuestra peli

Objetivos ODS que tratamos en el cortometraje
Objetivo 3: Salud y bienestar
Nuestro trabajo se relaciona con este objetivo porque trata un tema de salud mental, ya que el protagonista de la película tiene ideaciones suicidas al no encontrarse aceptado por su entorno. Está demostrado que el acoso escolar afecta a la salud mental y emocional de los adolescentes, aumentando los riesgos de ansiedad, depresión y aislamiento. Con nuestro pequeño granito de arena, pretendemos contribuir a crear conciencia de la importancia del bienestar mental entre todas las edades, porque las consecuencias de no cuidar nuestra salud mental y la de los demás pueden impedirnos llevar una vida digna y llegar a tener terribles consecuencias.
La conducta suicida está considerada como un problema de salud pública. El suicidio es una de las principales causas de muerte entre adolescentes y personas jóvenes adultas. En concreto, en España, el suicidio en 2020 se mantuvo como la primera causa externa de mortalidad, y en la etapa de la adolescencia se produce un punto de inflexión, pasando de 14 suicidios en el grupo de menores de 15 años a 300 suicidios en el grupo de 15 a 29 años. La etapa de la adolescencia es, por tanto, una etapa de riesgo. En cuanto a la tendencia, los datos del INE de los 4 últimos años disponibles, 2017, 2018, 2019 y 2020, muestran que en menores de 15 años se contabilizaron 13, 7, 7 y 14 muertes por suicidio y en el grupo de 15 a 29 años se registraron 273, 268, 309 y 300 suicidios, respectivamente. La Organización Mundial de la Salud (OMS) advierte además de que un suicidio individual afecta íntimamente, al menos, a otras seis personas. Esto supone que más de 18.000 personas, supervivientes en España cada año, podrían sufrir las consecuencias trágicas y traumáticas de vivir un suicidio (todos estos datos han sido tomados de la Estrategia de salud mental del Sistema Nacional de Salud 2022-26, publicada en 2022).
Objetivo 4: Educación de calidad
Nuestro cortometraje también se relaciona de alguna forma con este objetivo, ya que la educación debe garantizar la seguridad física y psicológica del alumnado, existiendo estrictos protocolos para ello. Esta realidad, y en concreto el fallo de uno de estos protocolos, se refleja en nuestra historia.
Objetivo 10: Reducción de las desigualdades
La violencia escolar suele dirigirse contra jóvenes en situación de vulnerabilidad, que por alguna razón de desigualdad pueden ser discriminados por un grupo dominante. En el caso de nuestro cortometraje no se explica explícitamente cuál es este motivo, pero podría ser un caso de exclusión social por homofobia, o simplemente la percepción del protagonista como “diferente” por su especial sensibilidad y la no coincidencia de sus gustos con los de la mayoría de los alumnos, por lo que se enfrenta al juicio y a la crítica de su entorno. El acoso escolar es una forma de violencia que genera desigualdad y exclusión, destruyendo la convivencia.
Objetivo 3 + Objetivo 16: Paz, justicia e instituciones sólidas
De manera indirecta, nuestro cortometraje hace también referencia a otro problema que afecta a nuestra salud mental hoy en día, y especialmente a la de los adolescentes (ODS3), así como a la protección de derechos fundamentales (ODS 16): la adicción a las pantallas y la violación de los derechos de los demás a través de lo que se publica en las redes sociales (hay una cámara que graba permanentemente, o al menos lo intenta…). Asimismo, la lucha contra el acoso escolar es fundamental para construir sociedades pacíficas e inclusivas, donde los derechos de los jóvenes sean protegidos.
Un rodaje complicado
A lo largo del rodaje del corto, nos surgieron todo tipo de dificultades, pero en todo momento y siempre en equipo, como una gran cabeza pensante, fuimos encontrando las soluciones a todos nuestros problemas.
¿Cómo evaluar el francés a todos los alumnos y no solo a los actores que hablan en esta lengua?
La dificultad de evaluar la producción oral (competencia específica 2), parte de la situación de aprendizaje o proyecto de la clase de francés, la resolvimos organizando un casting en francés, al que todos los alumnos debían “presentarse”, por parejas, con el texto de la escena de Cyrano aprendido. El casting también era ficticio, servía para la nota oral de francés, porque realmente muchos alumnos que no querían figurar como actores, por ser tímidos o no encontrarse a gusto con la idea, ya estaban fuera de selección, aunque sacaran la nota máxima en el casting, respetando en todo momento las voluntades de cada uno.

¿Cómo realizar nuestro guion, teniendo en cuenta que todos los alumnos debían escribir, y además en francés (competencia específica 2)?
Con este marco de la película dentro de la película, el alumnado se dividió en 5 grupos de trabajo para elaborar una historia propia, en francés (nota de producción escrita de la asignatura), de temática y género libre con dos únicas instrucciones: ¿qué tema os preocupa realmente en vuestro día a día, que creáis que merezca la pena ser contado o al que consideréis que merezca la pena dar visibilidad? Y ¿cómo podríamos arrojar un rayo de esperanza sobre esa preocupación vuestra gracias a nuestro corto?
Antes de ponernos a escribir, llevamos a cabo, en clase, una pequeña sesión de improvisación para visualizar mejor el trabajo que debían realizar. Simulamos ya la escena del rodaje de Cyrano en clase de francés, adoptando cada alumno, al azar, un papel (uno de ellos hizo de profesor), irrumpiendo la profesora auténtica en medio del falso rodaje, cuando menos se lo esperaban, con una idea que ponía todo el rodaje en peligro, interpretando el papel de un alumno disruptivo. Ellos debían reaccionar ante este imprevisto, cada uno desde su papel. Del análisis posterior de todo lo que había sucedido en esos minutos de incertidumbre, surgieron las primeras ideas para el desarrollo de las historias de cada grupo.
El alumnado contó con una semana para desarrollar sus historias. Tras la corrección de cada historia por parte de la profesora, procedimos a una lectura colectiva (en francés y con traducción en español) de cada una de ellas. A continuación, votamos la historia que más gustó a cada uno, siendo elegida una de las cinco propuestas como la historia de nuestro cortometraje. Este momento fue muy emocionante: ya teníamos historia, y su protagonista se llamaba Dani.
La profesora guionizó la historia con ayuda de la ficha de guion técnico proporcionada en el curso, elaborando unos diálogos de base que después fueron perfilados y modificados en clase por el alumnado, analizando colectivamente la idoneidad de cada frase (el guion se proyectó para todos en nuestro panel digital).
Otras competencias específicas del currículo de francés de Bachillerato que pudieron evaluarse directamente gracias a este proyecto fueron:
La competencia 4 (mediación), se desarrolló y se evaluó en la explicación en español de las historias iniciales con las propuestas de temáticas, así como en la traducción de las partes del texto en francés, en los subtítulos.
La competencia 6 (interculturalidad), al valorarse el grado de implicación de los alumnos en el proyecto, el respeto por el trabajo de los demás y el conocimiento y aprecio de nuevas culturas.

¿Cómo repartir las funciones de cada uno?
La profesora fue hablando con cada alumno a lo largo de todo el proceso de guionización, de manera que ya conocía los deseos de todos. Algunos se negaban a figurar como actores, otros tenían peticiones especiales como encargarse de filmar con la cámara… Tras una larga reflexión en casa, la profesora llegó a clase con una propuesta de personaje o función técnica para cada uno, meditada y explicada. Todos estuvieron contentos porque se respetaba la voluntad de cada uno y se argumentaba por qué se pensaba que iría bien determinado papel a cada alumno. No obstante, tuvimos que realizar cambios sobre la marcha tras los primeros ensayos. Esto fue difícil, pero el espíritu de equipo hizo su trabajo y entre todos fuimos capaces de hacer ver a algunos alumnos que estarían mejor en otro papel (algún alumno se dormía por las mañanas y no venía a los ensayos… algún alumno tenía tanta cara de bueno que no podía hacer de malo… otro se rompió un dedo y empezó con citas médicas… el Ramadán nos hizo cambiar de protagonista porque el actor seguía los preceptos musulmanes y estaba un poco mareado y descentrado para realizar su papel…).
¿Cómo simplificar nuestro set de rodaje, ya que teníamos muy poco tiempo y escasos medios?
Lo tuvimos claro desde el principio, nuestra historia debía suceder en el aula, ya que, al fin y al cabo, íbamos a contar una realidad tristemente cotidiana de los adolescentes en un instituto.
Pero… ¿Cómo solventar el problema de que nuestras clases tienen lugar en tres aulas diferentes cada semana? Los compañeros y el equipo directivo entran en acción.
Después de hacernos un riguroso planning para la organización de los días de rodaje y la optimización de nuestro tiempo, ya que solo dos días a la semana estábamos en la misma aula, logramos una solución mucho mejor: un aula de los alumnos de grado de FP de Informática se quedaba libre porque se marchaban a realizar sus prácticas. Dado que la profesora había estado contando el proyecto a muchos compañeros y al equipo directivo, se nos hizo llegar la noticia de que esta clase se quedaba disponible. El equipo directivo puso todos los medios para que pudiéramos trasladarnos durante dos semanas a este espacio que se convertiría en nuestro set de rodaje. No obstante, no todo fue un camino fácil, el aula sí que se utilizaba por las tardes y se nos cruzó por medio la temporada de exámenes de la Escuela Oficial de Idiomas, que también necesitaba de este espacio, por lo que algunos días no pudimos rodar y hubo que estar recogiendo todo el set cada vez que terminábamos una hora de rodaje, pero al menos no teníamos que recoger corriendo, sino que podíamos ir al final de la mañana.


Y entonces nos asaltó otro contratiempo no menor: si el rodaje iba a durar dos semanas, y no teníamos tiempo apenas para ir al baño a cambiarnos, ¿cómo íbamos a ir vestidos igual durante todo ese tiempo?
Efectivamente, las clases duran 50 minutos escasos, y entre el montaje y desmontaje del set, además de centrarnos porque cada uno venía de sus otras clases, se nos iba una cantidad tremenda de tiempo. Era inviable estar también cambiándonos todos de ropa. Decidimos que solo los dos actores que llevaban ropa de época se cambiarían, mientras que todos los demás nos conformaríamos con ponernos todos los días de rodaje una misma sudadera, que la profesora recogió en una enorme bolsa de jerséis que estuvo dos semanas rodando por el instituto. La alumna que hacía el papel de profesora llevaría una chaqueta de traje. Los pantalones no serían los mismos, pero esto debía notarse lo menos posible…
Y las dificultades técnicas… no podían faltar.
Después del primer día de rodaje, los alumnos aplaudían contentos porque veíamos que habíamos sido capaces de arrancar. Sin embargo, cuando visionamos las tomas de ese día… las caras cambiaron. El sonido no se había grabado o se había grabado bajísimo (otro problema que teníamos era que, por falta de tiempo, casi no podíamos estar viendo cada toma grabada, sino que íbamos prácticamente a ciegas y por la tarde o en otros momentos se visualizaba lo grabado en el día, encontrándonos sorpresas…). A partir de ese momento, empezamos un largo periplo en el que fuimos probando todo tipo de “inventos” para captar el sonido: usar una mesa de mezclas (que finalmente metía un zumbido horrible de fondo y nos hizo perder aún más tiempo), probar con otros cables, cambiar de micrófonos… Nada nos acababa de convencer, así que terminamos doblando nuestras voces, que grabamos en el móvil de la profesora, para la parte ya grabada, y, finalmente, atando el móvil de la profesora a la pértiga del microfonista ficticio para captar el sonido directo y que ya estuviera sincronizado con las imágenes, pero había que montarlo igualmente en postproducción. Entre este problema del sonido, y que nuestra cámara se desenfocaba constantemente, hicimos, realmente, lo que pudimos.


¿Cómo conseguir una música que nos gustara, pero libre de derechos? Y de pronto se nos apareció el hada de la música.
No sabíamos qué hacer con la música. Teníamos varias ideas, pero ninguna era posible porque siempre se trataba de músicas con derechos de reproducción… Lo que sí teníamos claro era que la música era fundamental. Una alumna de 14 años, hermana de la alumna encargada del sonido en el cortometraje, vino en nuestro auxilio: ella tenía una canción que había compuesto al piano. Nos la prestaba para la película. Nos grabaron entre las dos la canción como pudieron en su casa. La escuchamos. La canción cuadraba perfectamente y era preciosa. No nos creíamos la suerte que habíamos tenido.
Una espinita clavada.
El montaje lo tuvo que hacer la profesora, porque con la llegada de las vacaciones, y habiendo terminado el rodaje al límite, ya no daba tiempo a que fueran los propios alumnos quienes hicieran la edición (aunque conocían todos los planos y el guion técnico, eso sí). Para la próxima vez, habrá que tratar de organizar mejor el tiempo, pero pasamos tantos días en el previo al rodaje, trabajando también toda la parte de francés, que no fuimos capaces de más.
Un final muy feliz
La sensación de satisfacción por haber logrado terminar este proyecto es indescriptible. No sabemos aún cómo, pero hemos sido capaces de sacarlo adelante y terminarlo, con un resultado que, aunque no sea el mejor, lleva todo lo mejor de nosotros. Los objetivos iniciales se han cumplido con creces, y todos hemos aprendido muchísimo. Como docente, espero que esta actividad haya aportado enseñanzas valiosas sobre la vida al alumnado, que se llevará consigo seguro el recuerdo de estos días de “aventuras” para siempre. Ahora el listón está muy alto, ¿cómo vamos a seguir dando clase, lo que queda de curso, después de esta experiencia? Tendremos que idear nuevos proyectos. Aunque lo más probable es que no ganemos ningún premio en el concurso, para nosotros ya ha sido un final muy feliz.




